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Emprender con innovación

Por Jaime Villarreal B. Gerente del CentroIniciativa de Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales.

Hasta ahora, Chile ha logrado avanzar gracias a una economía impulsada por un desempeño eficiente. ¿Cómo logrará pasar a una economía impulsada por la innovación?

Mucho se habla en los foros económicos de lo importante que es el emprendimiento dentro de una nación, y muchos recursos se destinan a este hecho. La razón: el emprendimiento conlleva un crecimiento sostenido en el largo plazo de un país. De hecho, según el último estudio GEM (2007-2008, pág. 82), un crecimiento sostenido de las Pymes que se crean podrían afectar al crecimiento del PIB entre medio y dos puntos porcentuales. Sin embargo, cabe hacer la salvedad que el emprendimiento que lograría tal efecto tiene apellido, es el emprendimiento con innovación.

Al referirnos a emprendimiento con innovación, no hablamos sólo de levantar una empresa en cualquier rubro; el producto o servicio que se ofrece debe contener algún grado de diferenciación, ser innovador, y con un potencial alto de crecimiento. Sin embargo, las mediciones indican que en Chile existen pocas iniciativas de emprendimientos de alto potencial de creación de riqueza. La mayoría se concentran en negocios de escaso potencial de crecimiento y poca innovación. Y si hablamos de novedad, sólo el 23% de los emprendedores en etapas iniciales declaraba en 2007 que sus productos o servicios eran totalmente innovadores (29% en el periodo 2006). Sin embargo este indicador se sitúa por encima del promedio de la región que alcanza un 19%.

Si este es el emprendimiento que deja mayores ganancias para el país, ¿qué impide optar por este tipo de emprendimiento?

La respuesta a esta pregunta es el contexto del país, donde aún prevalece un bajo nivel de inversión y transferencias en I+D hacia las empresas, carencias en educación para el emprendimiento, políticas más efectivas y algunos factores sociales y culturales que impiden desarrollar mejor la actividad emprendedora.

Un proyecto que implica innovación y puede generar un mayor crecimiento en el producto de una nación es un proyecto que tiene externalidades positivas. En este caso, los beneficios privados, aunque altos, no alcanzan a compensar los beneficios sociales del proyecto, por lo que el nivel de apropiabilidad de las ganancias que observa el ejecutor de este proyecto no es completo, y puede desincentivar la ejecución del mismo. Por lo tanto, dado este escenario, una solución puede ser crear los incentivos correctos para estimular este tipo de emprendimiento en particular. ¿Se está cumpliendo dicha tarea?

Una economía impulsada por la Innovación

Según el Foro Económico Mundial, una economía impulsada por la innovación se sustenta en:

  1. Sofisticación de negocios: La percepción de la calidad de la red de negocios nacional y de las operaciones y estrategias empresariales. Se dimensionan la calidad y cantidad de proveedores de productos y servicios locales, así como su nivel de conectividad e interacción. En este aspecto, Chile ocupa el lugar 32 entre los 131 países analizados.
  1. Innovación: En esta dimensión, se hace énfasis en innovación tecnológica, en la capacidad de cada país de diseñar productos o procesos de vanguardia, inversión en investigación y desarrollo, protección a la propiedad intelectual, y a la colaboración entre universidades y la industria. Chile ocupa el lugar 45.

 

Estos dos factores combinados se denominan el subíndice de innovación y sofisticación en el cual Chile ocupa el lugar 36 entre los131 países analizados. Parece una buena posición, pero está muy alejada de las economías desarrolladas.

Educación y Competitividad País

Otro ámbito en donde Chile como país enfrenta retos importantes, según datos del Global Competitiveness Index, es la educación. Chile se encuentra en lugar 102 en calidad de educación primaria, y en lugar 107 en la calidad de la educación en ciencias y matemáticas, dos áreas fundamentales para la innovación tecnológica. Y cuanto más graves son estos resultados si desagregamos por educación pública y privada, tal como observamos en los resultados de la reciente PSU, donde solo 33 de los 229 puntajes nacionales registrados este año fueron de alumnos de colegios municipales. El 94 % de los alumnos de colegios privados obtuvo más de 450 puntos, mientras que sólo el 58 % de los estudiantes de colegios públicos llegaron a este puntaje (quedando así marginados de las universidades tradicionales). Sin duda existe una gran brecha social en el país y una muy mala nota para las políticas públicas en esta materia y, lo que es peor, como dijo Mario Waissbluth, coordinador de Educación 2020 (www.educacion2020.cl), “si no resolvemos esto, no hay camino posible al desarrollo y la equidad”.

Por su parte, la universidad también tiene la responsabilidad de acercar la innovación a la empresa, formando alumnos con ánimo de emprender sus propios negocios y también impulsando la transferencia tecnológica. Es urgente buscar mecanismos que incentiven la integración de los negocios a la ciencia y la ciencia a los negocios, tal como lo es la reciente promulgación de la ley 20.241, que establece un incentivo a la inversión privada en Investigación y Desarrollo, permitiendo que las empresas descuenten hasta el 35 % del total de los pagos en dinero efectuados conforme a los contratos de investigación y desarrollo (debidamente certificados por CORFO), en su declaración anual de impuesto a la renta.
También es preciso impulsar una educación para “aprender a emprender” desde los niveles más básicos, así como lo han estado haciendo iniciativas como Momento Cero (www.momentocero.cl)

Innovación desde dos puntos de vista

Por lo tanto, este problema del emprendimiento con innovación puede ser abordado desde dos partes: lo que hace la autoridad para promoverlo y lo que hacen los emprendedores para elegir esta opción al emprender. Que duda cabe que aún falta mucho por avanzar en ambas partes, si es que Chile quiere llegar a tener un alto nivel de desarrollo y un crecimiento sustentable. Pero, más que esperar a que sea la autoridad la que establezca un buen ambiente para innovar, el llamado es a los emprendedores para que sean ellos mismos quienes den el primer paso al respecto. A pesar de que no son suficientes, sí existen los instrumentos y los espacios para emprender innovando, y aún si no existieran, ¿no es hora de que los emprendedores hagan gala del nombre que han decidido portar, creando los espacios y las herramientas necesarias para sacar su emprendimiento adelante? El que una de las dos partes deficitarias en este tema responda a los incentivos entregados, va a forzar a su contraparte a “ponerse a tono”, obligándola a cumplir con la suya. Entonces, si el dilema está en elegir entre el emprendimiento y el emprendimiento con innovación, la última alternativa es sin duda, la que tiene mejores expectativas de rentabilidad futuras y un beneficio social del que futuras generaciones se podrán apropiar.

 

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